28 de junio: Día Mundial del árbol

Hoy celebramos el Día Mundial del Árbol en muchos lugares, pero no en todos. Según los distintos países, y por distintos motivos, son varias las fechas elegidas para recordarnos la importancia de los árboles y los espacios verdes. Así, en muchos lugares se celebra el 21 de marzo, día elegido, en el año 2012, por la Asamblea de las Naciones Unidas para conmemorar el Día Internacional de los Bosques.  La fecha del 28 de junio fue propuesta por el Congreso Forestal Mundial, que tuvo lugar en Roma en 1969. En Argentina, por ejemplo, en 1900 se decidió la fecha del 29 de agosto, por parte del Consejo Nacional de Educación, y en Colombia, se declaró el 29 de abril por un decreto gubernamental en 1941. En Cuba se celebra el 21 de junio y en China, el 12 de marzo. Desde 1929, el último viernes de junio se celebra “el día de honor a los bosques de Nicaragua” y todos los organismos relacionados con los ministerios de de educación, agricultura y medio ambiente desarrollan campañas de sensibilización, así como de reforestación de madroños. Pero, según distintas fuentes, la primera vez que se celebró la llamada “Fiesta del Árbol” fue un martes de carnaval de 1805, en Villanueva de la Sierra, en Cáceres, por iniciativa del párroco del lugar, con el fin de plantar árboles y darle un aire festivo.  De hecho, esta fecha está declarada Bien de Interés Cultural.

Pero lo menos importante sea, tal vez, en qué fecha celebremos este día, el objetivo principal es recordar y destacar la enorme importancia que los árboles tienen en nuestra vida y en la conservación del medio ambiente. Los árboles resultan absolutamente esenciales para la vida de nuestro planeta: purifican el ambiente al oxigenar el aire, proporcionan sombra, mejoran sectores erosionados, humedecen el ambiente, reducen el ruido, son capaces de temperar el lugar donde se encuentran, ya que provocan sensación de frescura y humedad, incluso deteniendo las heladas con su follaje; producen alimentos y múltiples recursos, además de ser el hogar de muchos pájaros. Y es que un solo árbol es un complejo ecosistema que mantiene a numerosas especies de invertebrados (insectos, arácnidos, miriápodos) y vertebrados (aves, mamíferos, reptiles); en sus cortezas crecen hongos, líquenes y plantas parásitas, y entre sus raíces abundan larvas de insectos, gusanos, ácaros y roedores.

En función del tipo de paisaje, los árboles juegan un papel u otro: en las regiones frías, las coníferas mantienen a roedores y aves. En la sabana africana son fundamentales en la dieta de los herbívoros ramoneadores o foliófagos (que son aquellos que se alimentan de las hojas y de los brotes de las ramas). En las selvas contribuyen a formar un ambiente húmedo donde se multiplican plantas y animales. En las zonas templadas, el árbol es una de las mayores fuentes de riqueza, en el ámbito de la explotación forestal.

Además, no podemos olvidar que el árbol tiene un importante valor económico, ya que de él se obtienen distintos materiales comercializables. La madera se utiliza en distintos sectores, como la construcción; su pulpa permite la confección de una gran diversidad de papeles; además proporciona el corcho, las resinas y el látex -líquido segregado por algunos árboles, como el del caucho-, las gomas, los barnices, el tanino y la cola. A todo lo anterior, hay que sumar la importancia de los árboles frutales, cuyo cultivo se inició la primera vez que se plantaron semillas deliberadamente.

Por todo lo anterior, debemos insistir en el cuidado y la necesidad de repoblación de determinados espacios naturales que están en riesgo. Con la ayuda de los recursos de Educaclima podremos trabajar distintos proyectos encaminados a mejorar la salud de nuestros árboles, bien en espacios rurales o urbanos. Así, unidades didácticas como Respira, Docunservación, Diversidad natural o Huerto escolar para infantil pueden darnos algunas ideas sobre cómo abordar estos temas en el aula.