El clima hace referencia a las condiciones atmosféricas a largo plazo y siempre ha estado sometido a variaciones como consecuencia de diferentes fenómenos naturales (cambios fraccionales en la radiación solar, erupciones volcánicas, etc.) que se producen a muy diversas escalas de tiempo y sobre todos los parámetros climáticos: temperatura, precipitaciones, nubosidad, etc. Sin embargo existe un consenso científico generalizado en que se está produciendo una alteración climática, especialmente desde hace varias décadas a una velocidad sin precedentes, y en atribuir la misma a la actividad humana. Esta alteración climática actual de origen antropogénico es lo que se conoce como “el cambio climático” y se debe fundamentalmente al aumento de la emisión a la atmósfera de los denominados gases de efecto invernadero (GEIs) que al retener calor contribuyen al calentamiento del planeta.

La mayor parte de los GEIs se generan de forma natural. Sin embargo la concentración de estos gases en la atmósfera ha aumentado de manera exponencial desde el inicio de la revolución industrial. El principal GEI liberado por la actividad humana es el dióxido de carbono (CO2). Los otros gases de efecto invernadero se emiten en menores cantidades pero son mucho más potentes que el CO2 en su potencial de efecto invernadero y son: el metano, el óxido nitroso y los gases fluorados.

El compromiso medioambiental del grupo Iberdrola

El sector eléctrico juega un papel clave en el logro del propósito fijado por el histórico Acuerdo de París para limitar el incremento de la temperatura del planeta por debajo de los 2º C, dejando la puerta abierta al 1,5º C.

El grupo Iberdrola, referente mundial en la lucha contra el cambio climático, —objetivo 13 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)—, y activo participante de las diferentes Cumbres Climáticas, está plenamente alineado con este pacto internacional.